Es necesario apreciar el gran esfuerzo de los apasionados de la ornitología que han hecho de su afición ciencia y saber. Al fin y al cabo sólo somos enanos subidos en los hombros de gigantes.

En el ornitólogo pueden aunarse profesión y pasión, esto no es de extrañar en una de las pocas ramas de la ciencia donde todavía hay un gran número de aficionados que promueven la conservación y protección de las aves y de los ambientes naturales en los que habitan.

Los apasionados por la observación de las aves vivimos esta sana locura como parte de un profundo sentimiento de amor a la naturaleza y el compromiso de defenderla.

El poder de seducción que ejercen las aves sobre el ser humano obedece a menudo a un impulso atávico: el afán por volar. Tal vez por ello la ornitología es la disciplina del naturalismo de campo que agrupa a mayor número de aficionados.

Pero además de la sensación de libertad que transmite seguir el vuelo de los pájaros con la mirada, observarlos en su medio natural nos depara un placer añadido: el de admirar su belleza. Por eso la ornitología genera tanta pasión entre quienes la practicamos.